Max Payne consigue ir al baño y cambia su vida

Una vez al año no hace daño

Nuestro fiel lector Max Payne, nos ha escrito una carta narrando un problema digestivo que le llevaba persiguiendo mucho tiempo:

Era una noche fría, como lo había sido todo ese maldito invierno de 2001 en Nueva York. Las nubes se levantaban legañosas, preparadas para desperezarse y soltar sus heladas lágrimas.

Ya había dejado atrás aquel frío día en el infierno, pero parecía que el infierno me seguía allá adonde fuera. Y es que, mientras ahogaba mis penas con una botella de buen escocés en un bar de mala muerte de Hell’s Kitchen, me di cuenta de que llevaba desde 1998 sin expulsar ni medio pedo de mi peludo culo.

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Johnny Sasaki en su hábitat natural.

Parece que la noche en que vi como me arrebataban de las manos a Michelle y Rose, mi cuerpo expulsó tal tsunami de mierda, que decidió tomarse unas largas vacaciones. Y esas vacaciones estaban llegando a su fin.

Estaba acabando mi botella y me disponía a pedir la siguiente a ese sudoroso barman con pintas de tener un harén de esclavas sexuales en el sótano de su apestoso bar. Levanté el dedo para que me atendiera pero, cuando aún no había sido capaz ni de articular una palabra, el tiroteo más intenso y caótico que he presenciado en mi asquerosa vida se desató en mis intestinos.

Abrí los ojos de par en par. Mis pupilas parecían una bala en medio de una montaña de coca. Me levanté como un rayo y salí corriendo a lo que ese antro de mala muerte llamaba lavabo. Fosa común habría sido un nombre aún amable para ese estrecho cubículo lleno de todo tipo de fluidos humanos y animales. He paseado entre montones de cadáveres descomponiéndose al Sol y olían a caramelos mentolados comparados con ese retrete.

Tirado junto al váter había un chaval. Tenía el culo al aire y estaba rodeado de mierda y de un pequeño charco de sangre. Busqué en sus bolsillos en busca de documentación y lo único que saqué en claro es que se llamaba Johnny Sasaki. Seguía vivo, solo estaba inconsciente. Decidí dejar de lado mi faceta más policíaca y me puse a hacer lo que había

ido a hacer. Con Johnny tirado a mi lado. Y aquel momento cambió mi vida.

Descubrí que había estado guardando mucha mierda en mi cuerpo desde la muerte de mi mujer y mi hija. Pensaba que eso ya lo había solucionado a golpe de balas, cervezas y pastillas; pero eso únicamente había tranquilizado mi mierda acumulada en la cabeza. Lo del estómago era otra cosa. Fueron 18 horas seguidas soltando sin pausa. Cuando entré en aquel baño, parecía algo digno de los servicios de limpieza de Woodstock. Al salir, los limpiadores de Hiroshima y Nagasaki habrían tenido pesadillas. Tuvieron que cerrar el bar tras mi pequeño desahogo. Pero de allí salió un Max Payne distinto.

Tras aquello, es como si todo el peso que llevaba a mis espaldas se hubiera esfumado, como una bolsa de coca confiscada de la sala de pruebas de una comisaría. Mi cara se relajó, mis venas dejaron de asomar en cada rincón de mi cuerpo, la sonrisa volvió a mi vida y mis ganas de matar desaparecieron.

Decidí cambiar mi vida y ahora soy profesor de ética en una escuela primaria. A veces quiero matar a esos pequeños bastardos, pero entonces me cago en ellos y se me pasa.

Desde Bits&Leaks felicitamos a Max Payne y le deseamos mucha suerte en su nueva vida.

 

El antes y después de Max.
El antes y después de Max.

 

 

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